Fiestas último modelo
Cuando las celebraciones se han convertido en piezas únicas, elegir el lugar y ambientarlo, definir el catering, buscar un DJ y contratar los shows, es fundamental en toda planificación. Aquí, lo que se usa y lo que ya no corre más, los consejos de los expertos y las soluciones rápidas.
Se sabe: de la fiesta de casamiento tradicional queda poco y nada. Desde que la organización de semejante evento dejó de ser un asunto familiar, en manos de la novia y su madre, para convertirse en un mercado en sí mismo, especializado, diseñable a medida. De la mano de los cada vez más numerosos wedding planners, la oferta de servicios parece ampliarse sin límites, revolucionando todos los frentes de toda fiesta: la ambientación, el catering, la música, el baile y los shows. Por supuesto, hay clásicos que siguen vigentes y hay tendencias; hay prohibidos terminantemente y hay excepciones. Pasen y vean.
El lugar: flexibilidad es modernidad
En principio, elijamos el lugar. La tendencia echa mano de la aparición de los espacios bien net, concebidos para ser transformados en una propuesta estética diferente para cada flamante matrimonio. Pero siempre se va por más y, con un nuevo estilo, La Terraza se ofrece como una nueva forma de festejar: un espacio cálido, canchero y accesible, rodeado de verde pero ajeno al drama al que lleva pensar qué pasa si llueve fuerte, con todo lo necesario para dar desde una pequeña fiesta al aire libre hasta una boda súper sofisticada para 500 personas, incluidas reuniones corporativas, cumpleaños, desfiles y concerts. “Nos inspiramos en la calidez y la simplicidad. Decidimos eludir la frialdad impersonal de los megaespacios y nos propusimos ahorrarnos, a nosotros y a la gente, las complicaciones funcionales que suelen presentar las quintas y estancias a la hora de las fiestas”, explica Sofía Lalanne, alma mater del lugar, en cuyos 400 metros cuadrados se lucen las galerías cubiertas con techos de madera, las paredes de piedra y los suelos calcáreos, pero también la última tecnología en materia de sonido, iluminación, aislación y seguridad.
La posibilidades de adaptación del espacio elegido para dar la fiesta impacta en el resultado final. "Lo que está en auge es la fiesta como si fuera una gran casa o un gran departamento, con cómodos sillones, pero no para comer sino para cambiar de situación", conceptualiza el ambientador top Martín Roig. Como mobiliario recomienda los formatos variados de mesas, los grandes juegos de livings en los laterales de pista (siempre que haya espacio) y las barras de tragos o lounge con mesas altas. Los casamientos más descontracturados implican cierto relax en los protagonistas: “Tanto los novios como sus familiares prefieren evitar algunos ritos estresantes para divertirse plenamente y entregarse a la emoción. Muchos ya no recorren las mesas una por una para saludar a los invitados sino que, por ejemplo, los invitan a sacarse una foto con ellos en un pequeño set especialmente montado para tal fin. Mucho más divertido y original”, explica Sofía Lalanne, de La Terraza.
La ambientación: chau minimalismo, hola contrastes
En cuanto al estilo de la fiesta, y siguiendo las máximas de la moda, está entendido que el reinado del minimalismo “todo blanco” está acabado. "O sea, el blanco siempre va, pero con contrastes, por ejemplo, con el negro o con colores fuertes”, explica la decoradora Gloria César, creyente en lo multicolor. Tanto César como Roig acuerdan que lo que viene es la combinación de estilos y las fiestas con un looks fuertes: en rojo y negro o azul y negro, en la gama de los verdes o todo en dorado. "Cristales, velas y flores en cantidad y de todos colores también son bienvenidas”, dice Gloria César, que empezó a trabajar fiestas hace 17 años.
El catering: gastronomía urbana y parrilla gourmet
La comida suele ser la columna vertebral de cualquier evento, el símbolo a partir del cual se desarrolla todo. Así, según Gloria César, el modelo comida/baile/comida/baile/ sigue manteniéndose en los casamientos de la comunidad judía, mientras que en las bodas católicas, que tradicionalmente implicaban primero los platos y después el baile, “ahora se apunta más a la recepción que a la comida de sentado: hay mucho finger food porque la idea es achicar el tiempo de sentado en las mesas o livings”., cuenta César.
Del cambio generado en la concepción de una fiesta, el catering es, tal vez, el ítem que más lo refleja. Hoy, la comida que se sirve en una fiesta integra las propuestas gastronómicas que pueden verse en cualquier rincón de la ciudad: sushi, wok, fogoneo y salteado en vivo. A la vez que los platos se hacen más sofisticados, su presentación se liga con la decoración del ambiente. Bienvenido todo lo mini, en vajilla transparente o cazuelitas, los pinchos y las opciones orientales en tablas o bandejas de madera. Y, por supuesto, la "parrilla gourmet", que en La Terraza encuentra su mejor ambiente y materias primas: carne vacuna, de cordero y de cerdo, en cortes clásicos y, también, nada tradicionales, como el ojo de bife, las ribs y el t-bone steak.
La música: todos para arriba
Omnipresente desde el principio hasta el final, es el marco y el telón de tanto despliegue. Empezando por los DJ`s, que del anonimato pasaron a la categoría de personajes, llegando hasta los shows más extraños, magia, cuentos, murga, teatro y hasta súper estrellas pop internacionales incluidas. “Los novios tienen que elegir la música que los identifique. Pueden entrar de forma descontrolada, con algo bien arriba. Si son tímidos, será mejor algo más neutro. E incluso, es posible entrar sin música”, dice Eduardo Trueba, DJ residente de La Terraza, quien también recomienda chill out, bossa nova, electro jazz y remixados tranquilos en versiones lounge para la recepción.
Una vez en el centro del salón, y tras la proyección del clásico video de los novios (que también puede preceder la entrada), la pareja suele bailar el vals y hasta da para una tandita corta de baile. "El vals sigue vigente. Algunos le dan una vuelta, con la versión de Sabina, del vals criollo o la versión tango. Otros, se juega y bailan un lento", cuenta Trueba. El dancing propiamente dicho, ése que saca lo mejor de los invitados, tiende a los remixados de canciones ochentosas y noventosas, con sonidos más puros y nuevos. Y ojo: lo latino sigue vigente, pero sólo entre papeles y esferas espejadas. En tren de acompañar, Trueba sugiere haber comprobado que, a la hora de la mesa dulce, cuando la fiesta puede decaer un poco, la apuesta a mantener el ritmo se sustenta bien con buen reggae, algo de ochentas y un touch de hip hop o electrónica.
Los shows: infaltables (pero sin excesos)
Una fiesta que se precie de mega no puede escatimar en materia de shows. Pero nunca hay que perder el equilibrio: lo ideal es un espectáculo fuerte, que generalmente es un musical o la animación de alguna celebritie. Roberto Pettinato es de los más requeridos, mientras las bandas en vivo (desde Los Auténticos Decadentes, Los Pericos, La Mosca y Los Súper Ratones hasta Diego Torres o Willy Crook) dan la posibilidad de vivir a un mini recital privado. Otros shows pueden salpicar distintos momentos de la fiesta. Por ejemplo, una banda de chill out, una DJ con bandejas, performances circenses sofisticadas o magos en plan “close ups” son ideales para el cocktail de recepción. En la misma línea, al momento de la comida principal, puede bailar una pareja de tango (típical en las fiestas de extranjeros en Buenos aires) o cantar un solista clásico popular. Las carameleras, los kioscos de golosinas, las pochocleras y algodoneras, como así también las chicas que reparten chocolates para el café extienden la categoria, como minishows aplicados.
El cotillón vive, pero actualizado
Antes, papelitos y humo; hoy, cotillón y carnaval. Descartada de plano la música brasilera, sigue siendo el momento cumbre de las fiestas. Su actualización consiste en una tanda de electrónica con percusionistas que tocan en vivo sobre la música del DJ, o también en formatos murga y/o comparsa. Y con eso sale el cotillón, que ya no es un rejunte sino que se hilvana por colores -negro y blanco, dorado o verde y rojo- o por tema: sombreros o pelucas y anteojos de un estilo único, con todos los amigos vestidos de un club de fútbol, o los juguetes luminosos onda fiesta electrónica.
En fin, tanta diversidad disponible más que marear, debe conducir un concepto base, que Sofía Lalanne, desde La Terraza, explica mejor que nadie: “Hoy, lo nuevo implica, paradójicamente, una vuelta al origen: disfrutar intensamente el día”. Es decir: cada vez más, los novios buscan celebrar bodas únicas que los representen integralmente, tanto en la elección del lugar como en el estilo de la comida y la música. “Fiestas más auténticas, fiestas perfectas...”, cierra Sofía.










